El mismo mercado, no el mismo mundo

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Hoy he llorado, y no me avergüenzo. He llorado porque hoy siento que aún queda esperanza, que la literatura no morirá, que hay muchísimas personas intentando que no muera y muchísimas otras escribiendo y leyendo aunque nunca aparezcan en las estadísticas oficiales.

Ayer, Lucía Etxebarría se convertía en noticia. No tengo claro sí se trataba de una estrategia de marketing prepactada o una reacción espontánea, pero fuera como fuera me pareció algo anacrónico, propio de algún dinosaurio editorial de esos que aún sobreviven e intentan día a día sujetar con la fuerza de contratos y demandas legales un modelo de industria que ya no tiene por donde sustentarse. De Etxebarría no me sorprendió del todo, dejar la literatura por la piratería es el mismo recurso victimista que utilizan los músicos archiconocidos -algunos tributando fuera del país- con la SGAE como bandera y las páginas de enlaces como el enemigo. ¿Quieres dejar la literatura?, pensé. Pues adelante, déjala. El alboroto posterior tampoco me sorprendió, pero decidí no participar demasiado. Ando ya cansada de gritarle a muros de contención que se niegan a reconocer que la tierra sobre la que están construidos hace tiempo que se desmoronó bajo sus pies.

Pero hoy he llorado. He llorado porque llegué hasta un “Para ti, Lucía”, un texto de la mano de Hernán Casciari, que refleja con palabras simples la estupidez extrema de lo que él denomina el viejo mundo, ese que se pelea en sobrevivir sin evolucionar, ese que continúa pensando que ofrecer contenidos gratuitos a los lectores es perder dinero, es que nunca leyó Gratis de Chris Anderson ni tiene intención de leerlo. Un viejo mundo que explota a los autores, les paga una miseria y vive encorsetado en unos márgenes de beneficio y unos engaños que sólo generan ingresos en sus arcas, eso sí, cada vez menos. Y entonces suenan las alarmas y no se dan cuenta que hay gente que lleva tiempo trabajando de otra forma, que lleva tiempo entendiendo que más descargas ilegales no tiene por qué ser equivalente a menos ingresos, pero sí es sin duda más gente que les lee.

Pero yo hoy he llorado de emoción, porque al leer a Casciari quise saber qué se traía entre manos, qué estaba poniendo en marcha una persona que tan bien parecía entender lo que está pasando en el mundo editorial, y esa curiosidad me llevó al video de presentación de Orsai, su revista. Una revista sin publicidad, sin intermediarios, sin agentes literarios, sin editoriales, sin distribuidores, sin librerías, una revista que se puede comprar pero también está disponible GRATIS en internet, una revista que fue el comienzo de una idea que ya ha dado lugar a una editorial y una serie de bares “literarios” o “el lugar donde los que leen nos emborrachamos juntos” como Casciari los describe, pero sobre todo una revista en la que se paga a los autores lo que se merecen porque mientras haya gente que quiera leer no hay motivos para que los buenos autores dejen de hacer buena literatura o reciban un precio justo por su trabajo.

Lloré cuando me di cuenta de que era posible, de que hay gente que ha entendido el cambio, el nuevo mundo, quizás desde el principio, gente que sabe que el problema no son los lectores sino la industria, que el problema no es la literatura ni internet -que además está facilitando otros formatos literarios como los que mostramos en Deletrea.me-, sino la falta de adecuación al momento histórico que vivimos. El problema, al final, es el anacronismo.

Al terminar de ver el vídeo, me registré y me suscribí a Orsai durante un año. Recibiré en mi casa la revista cada dos meses con toda la magia que significa formar parte de algo que no será único. Sólo después de haberla pagado me puse a leer, gratis y sin remordimientos, algunos textos de los números anteriores. No necesitaba hacerlo antes de pagar, sabía que me gustaría, el discurso de Casciari es tan increíblemente sólido que antes de leer ya sabía que la selección de autores tampoco estaría dejada al azar. Ya lo define Casciari: “se trata del mismo mercado pero no del mismo mundo“.

Imagen de previsualización de YouTube

Gracias Etxebarría, porque sin ti habría tardado mucho más en descubrir Orsai, una revista imposible.



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